lunes, 28 de marzo de 2011

Síntesis de los discursos de Obama en Brasil y Chile en un contexto mundial de guerras y crisis

Ave Cesar Barack Obama

La gira de Barack Hussein Obama se desarrolló por varios países de la región, pero nos detendremos particularmente en dos por sus características y peso en la subregión americana ( Brasil y Chile ). La gira se desarrolló en medio de la intervención militar sobre Libia (rechazada y condenada por la Liga Árabe y Unión Africana) y la “Revolución de los Jazmines” en el norte de África.  Este intervencionismo avalada y promovida por los EEUU, encontró fuertes resistencias regionales (Venezuela, Ecuador, Bolivia, Nicaragua y hasta la crítica Argentina)  y la abstención en la ONU de Brasil. Es importante destacar que el MERCOSUR se encuentra negociando acuerdos comerciales con la Unión Europea , la consolidación del UNASUR como propuesta de unidad regional y la desconfianza de los pueblos americanos sobre los verdaderos propósitos de su gira por el cono sur.

Los dos discursos tuvieron características diferentes pero coherentes en su propuesta para América Latina. El discurso en Brasil no pudo ser masivo y a cielo abierto, la fuerte resistencia de los movimientos y organizaciones sociales, impidió a Barack Obama un escenario mediático deseado para su “mensaje”. Por esto se desarrollo en el Teatro Municipal de Río de Janeiro.  La no presencia de Lula está relacionada al contexto internacional antes mencionado y debe leerse como una crítica a la política internacional por parte del gobierno de los EEUU.

Contraponiendo discursos, el de Río de Janeiro fue más de seducción al pueblo brasileño, mientras que el discurso en Chile tiene la mayor carga de “contenido político”. En Chile Barack Obama se sintió más cómodo, y  jugó (futbolísticamente hablando) “de local”. Hasta conto con la presencia de casi todos los presidentes democráticos (salvo Michel Bachelet). La alineación política de Chile es conocida en la región y el neoliberalismo tiene una continuidad casi sin reparos desde el gobierno dictatorial de Augusto Pinochet.

En Brasil habló de los puntos históricos de coincidencia. Rescató la lucha contra la pobreza y el rol actual de Brasil en el concierto internacional.  Propuso intercambios educativos, científicos y técnicos. Comercialmente llamó a “derrumbar barreras comerciales” entre ambos países. Abogó por una Alianza energética, rescatando la experiencia brasileña en biocombustibles y la apuesta de los EEUU a las “energías limpias”. Con respecto a la seguridad y el narcotráfico llamó a combatir la corrupción. En lo político económico destaco la salida de la pobreza con libre mercado y no con la intervención del Estado (por ser esta cerrada y controladora de la economía). Vinculó las luchas sociales de Medio Oriente como “una revolución del anhelo de la dignidad humana”. Finalizó su discurso rescatando la imagen luchadora de Dilma.

En Chile Ponderó la integración económica de Chile al mundo. Agradeció la presencia de los cuatro presidentes democráticos. Rescato la recuperación económica de Brasil y Perú, los avances en seguridad de Chile, México y Colombia. El papel de los países de la región en el contexto internacional (G-20 con Argentina, Brasil y México). Destacó la importancia estratégica de América del sur para los EEUU diciendo que “América Latina es más importante que nunca (…) para la prosperidad y seguridad de los EEUU”.

Para Barack Obama los problemas de América Latina se sintetizan en: Que no se crece al ritmo suficiente por sus urgencias, la pobreza, la riqueza concentrada, las ideologías “rancias” y la inseguridad. En términos comerciales y políticos planteó que “somos socios con igualdad de condiciones y responsabilidades compartidas”.

Para resolver los problemas planteados propuso: 1.- que la falta de seguridad y narcotráfico ponen en peligro la democracia, para lo cual plantea un programa de seguridad apoyada en cursos de formación y capacitación, sumado a una coordinación regional. 2.- La “Promoción de la prosperidad y oportunidades“a través del microcrédito (del BID) creando “Vías de prosperidad”.

Trazó ejes de desarrollo entre Chile-Perú, y Panamá-Colombia (países amigos y controlados por los EEUU).Insistió en la creación de energías limpias a través de una “Alianza de las Américas para la energía y el clima”. Impulso el intercambio educativo. Hablo de la importancia histórica para los EEUU de la inmigración, pero dentro del marco de la ley (norteamericana). Ponderó la lucha por los DDHH en América y critico a Cuba (destacando los avances de su gestión en su relación bilateral).

La prensa corporativa y monopólica aprovecho su discurso para hostigar a los gobiernos no alineados con la política norteamericana. En la Argentina tomaron el pedido de Obama por la devolución de los aparatos no declarados por los EEUU como un desaire, sin recordar los incidentes diplomáticos con el supuesto arrepentido Antonini Wilson (la justicia argentina hace años reclama su extradición de los EEUU).

Las expectativas del poder quizás no salieron conformes con las propuestas de Obama, que por otra parte no conto con grandes novedades, y si fueron blancos de las críticas de un importante arco de organizaciones sociales que opacaron la operación mediática que intentaron montar. Las novedades como la promoción de la “prosperidad y oportunidades” tienen un tufillo al desplazamiento de los movimientos sociales y la solidaridad construida durante años de lucha. La “Alianza para la energía y el clima” es poco oportuna porque ocurre en un trasfondo de apropiación mundial de los recursos petroleros y la unilateral ruptura con el Protocolo de Kioto por parte de los EEUU. Lo demás es continuidad de la política de Reagan y los Bush, camuflada bajo el color presidencial.

Jorge P. Colmán
Prof. en Historia.
Centro de Estudios Arturo Jauretche


Discursos de Obama en Brasil y Chile completos (PINCHE EN EL NOMBRE DE LOS PAÍSES)

Discurso de Obama en Santiago sobre la relación con América Latin

21 marzo 2011, Discurso de Obama en Santiago sobre la relación con América Latina
A continuación la traducción del discurso del presidente Obama en el Palacio de la Moneda de Santiago de Chile, tal como fue preparado para su lectura y publicado por la Casa Blanca:
(comienza la transcripción)
La Casa Blanca
Oficina del Secretario de Prensa
21 de marzo de 2011
Declaraciones del Presidente Barack Obama – Versión Preparada
Centro Cultural Palacio la Moneda
Santiago de Chile
Lunes, 21 de marzo de 2011
Buenos días. Es un gran honor estar en Santiago de Chile. Y me complace mucho que me acompañen mi esposa, Michelle, y nuestras hijas. Al pueblo de Santiago, al pueblo de Chile, gracias por su fabulosa bienvenida. En nombre del pueblo de Estados Unidos, gracias por su amistad y los estrechos vínculos entre nuestros pueblos.
Durante toda la historia, este país ha sido denominado “el fin de la Tierra”. Pero he venido hoy aquí porque en el siglo XXI, este país es una parte vital de nuestro mundo interconectado. En una era en que los pueblos están entrelazados como nunca antes, Chile es prueba de que no es necesario que nos divida raza, religión o tribu. Han acogido a generaciones de inmigrantes de todos los rincones del planeta, a la vez que celebran y los llena de orgullo su patrimonio indígena.
En un momento en que los pobladores del mundo buscan su libertad, Chile muestra que sí es posible hacer la transición de la dictadura a la democracia, y hacerlo pacíficamente. De hecho, este maravilloso lugar donde hoy nos encontramos, a pocos pasos de donde Chile perdió su democracia hace varias décadas, es testimonio del progreso de Chile y su espíritu democrático.
A pesar de las barreras de distancia y geografía, ustedes han integrado a Chile a la economía mundial al comerciar con países de todo el mundo; y, en esta era del Internet, al convertirse en el país más conectado digitalmente en América Latina.
Y en un mundo de dolor a veces desgarrador, como estamos viendo actualmente en Japón, es el carácter de este país lo que nos inspira. “Nuestras estrellas primordiales”, dijo Pablo Neruda, “son la lucha y la esperanza”. Pero agregó, “no hay lucha ni esperanza solitarias”. El pueblo chileno lo ha demostrado una y otra vez, incluida su recuperación de un terrible terremoto hace un año.
El éxito de Chile se debe al pueblo chileno, cuya valentía, sacrificios y perseverancia convirtieron a este país en el líder que es. Y es un honor para nosotros que nos acompañen hoy cuatro líderes que guiaron a esta nación durante años de mucho progreso, los presidentes Patricio Aylwin, Eduardo Frei, Ricardo Lagos y Sebastián Piñera. Gracias a todos por estar hoy aquí.
Entonces, no se me ocurre un lugar más apropiado para hablar sobre la nueva era de alianzas que busca Estados Unidos, no solo con Chile, sino con todo el continente americano. Y estoy agradecido de que nos acompañen líderes y miembros del cuerpo diplomático de toda la región.
En mis primeros 100 días de mandato, en uno de mis primeros viajes al exterior como presidente, fui a Trinidad y Tobago para reunirme con líderes de todo el hemisferio en la Cumbre de las Américas. Allí, prometí tratar de forjar alianzas de igualdad y responsabilidad compartida, en base a intereses mutuos, respeto mutuo y valores comunes. Sé que no soy el primer presidente de Estados Unidos en prometer un nuevo espíritu de cooperación con nuestros vecinos latinoamericanos. Sé que a veces, Estados Unidos ha tomado por descontada a esta región.
Incluso ahora, sé que nuestros titulares a menudo los monopolizan otras regiones del mundo. Pero no olvidemos jamás, nunca, que el futuro se está forjando en países y pueblos de América Latina. Porque América Latina no es el viejo estereotipo de una región en conflicto perpetuo ni atrapada por ciclos interminables de pobreza. De hecho, el mundo debe reconocer que América Latina es la región dinámica y en crecimiento que verdaderamente es.
América Latina está en paz. Las guerras civiles han terminado. Las insurgencias han sido rechazadas. Viejas disputas fronterizas han sido resueltas. En Colombia, grandes sacrificios por ciudadanos y fuerzas de la seguridad han restaurado un nivel de seguridad que no se veía desde hace décadas.
Y así como los viejos conflictos se han desvanecido, también lo han hecho las anacrónicas pugnas ideológicas que a menudo los alimentaban. Los trillados debates –entre la economía de estado y el capitalismo desenfrenado; entre los abusos de los grupos paramilitares de derecha y los insurgentes de izquierda, entre la imagen de un Estados Unidos que causa todos los problemas de la región y uno que hace caso omiso de todos los problemas– tenían opciones falsas y no reflejan la realidad actual.
Hoy en día, América Latina es democrática. Prácticamente todos los pobladores de América Latina han pasado de vivir bajo dictaduras a vivir en democracias. En toda la región, vemos democracias dinámicas, desde México hasta Chile y Costa Rica. Hemos visto transferencias pacíficas de poder, desde El Salvador hasta Uruguay y Paraguay. La labor de perfeccionar nuestras democracias nunca acaba, en realidad, pero este es el progreso democrático que se está dando en todo el continente americano.
Hoy en día, América Latina está creciendo. Tras hacer reformas difíciles pero necesarias, países como Perú y Brasil están teniendo un crecimiento impresionante. Como resultado, América Latina sobrellevó una desaceleración económica mundial mejor que otras regiones. En toda la región, decenas de millones de personas han salido de la extrema pobreza. Desde Guadalajara hasta Santiago y São Paulo, una clase media está exigiendo más de sí misma y más de su gobierno.
América Latina se está uniendo para hacerles frente a desafíos comunes. Chile, Colombia y México comparten su pericia en seguridad con países en Centroamérica. Cuando un golpe de estado en Honduras amenazó el progreso democrático, los países del hemisferio invocaron unánimemente la Carta Democrática Interamericana, lo que ayudó a sentar las bases del retorno al estado de derecho. Los aportes de países latinoamericanos han sido cruciales en Haití, como también lo ha sido la diplomacia latinoamericana con anticipación a las elecciones de ayer en Haití.
Y cada vez más, América Latina está contribuyendo a la prosperidad y seguridad mundial. Como consuetudinario participante de las misiones de paz de las Naciones Unidas, los países latinoamericanos han ayudado a evitar conflictos desde África hasta Asia., En el G-20, países como México, Brasil y Argentina ahora tienen mayor influencia en la toma de decisiones económicas a nivel internacional. Con el liderazgo de México, el mundo alcanzó logros en Cancún en nuestros esfuerzos contra el cambio climático. Países como Chile han desempeñado un papel de liderazgo en el fortalecimiento de la sociedad civil alrededor del mundo.
Esta es la América Latina que veo hoy, una región que avanza, orgullosa de su progreso y lista para asumir un papel más importante en el mundo. Por todas estas razones considero que América Latina es más importante que nunca antes para la prosperidad y seguridad de Estados Unidos. Con ninguna otra región Estados Unidos tiene tantos vínculos. Y en ningún otro aspecto es más claro que en las decenas de millones de estadounidenses hispanos que viven en todo Estados Unidos, y enriquecen nuestra sociedad, contribuyen al crecimiento de nuestra economía y fortalecen nuestra nación todos los días.
América Latina solo se va a volver más importante para Estados Unidos, especialmente para nuestra economía. El comercio entre Estados Unidos y América Latina ha aumentado considerablemente. Compramos más de sus productos y servicios que ningún otro país, e invertimos más en esta región que ningún otro país. Por ejemplo, exportamos a América Latina más de tres veces lo que exportamos a China. Nuestras exportaciones a esta región –que aumentan más rápido que nuestras exportaciones al resto del mundo– pronto respaldarán más de dos millones de empleos en Estados Unidos. En resumen, cuanto más próspera sea América Latina, más próspero será Estados Unidos.
Pero incluso más que intereses, nos unen valores comunes. En la trayectoria del otro vemos reflejos de la nuestra. Los colonos que se libraron de imperios para declarar su independencia. Los pioneros que abrieron nuevas fronteras. Los ciudadanos que han luchado por llevar la promesa de nuestras naciones a todos sus hombres y mujeres, blancos, negros y morenos. Somos gente de fe que debe recordar que todos nosotros –especialmente los más afortunados entre nosotros– debemos hacer aportes, especialmente por los más necesitados. Somos ciudadanos que sabemos que asegurar que nuestras democracias produzcan resultados a favor de sus pobladores debe ser la labor de todos nosotros.
Esta es nuestra historia. Este es nuestro patrimonio. Todos somos americanos. Todos somos americanos.
En todo el continente, los padres quieren que sus hijos puedan correr y jugar, y saber que vendrán a casa a salvo. Los jóvenes quieren una educación. Los padres quieren la dignidad que se deriva del trabajo, y las mujeres quieren las mismas oportunidades que sus esposos. Los empresarios quieren la oportunidad de comenzar un negocio nuevo. Y la gente en todas partes simplemente quiere ser tratada con la dignidad y el respeto al que tiene derecho todo ser humano. Estas son las esperanzas simples pero profundas que abrigan en el corazón millones en todo el continente americano.
Pero seamos francos y también admitamos que estos sueños están fuera del alcance de demasiadas personas; que el progreso del continente americano no es suficientemente rápido. No para los millones que sufren la injusticia de la extrema pobreza. No para los niños en las barriadas y las favelas, que sólo quieren las mismas oportunidades que tienen los demás. No para las comunidades atrapadas en las brutales garras de los carteles y las maras, donde las fuerzas policiales tienen armas inferiores a las de sus contrincantes, y demasiados viven atemorizados.
Y a pesar del progreso democrático de la región, perduran abismales desigualdades. El poder político y económico con demasiada frecuencia está concentrado en las manos de pocos, en lugar de servir a la mayoría. La corrupción es una barrera al crecimiento económico, desarrollo, innovación y espíritu empresarial. Y los líderes se aferran a ideologías rancias para justificar su propio poder y buscan silenciar a sus oponentes porque tienen la audacia de exigir que se respeten sus derechos universales. Esta también es la realidad que debemos enfrentar.
No somos la primera generación que enfrenta esos retos. Hace exactamente 50 años, el Presidente John F. Kennedy propuso una ambiciosa Alianza para el Progreso. Era, incluso para los estándares actuales, una enorme inversión: miles de millones de dólares estadounidenses para satisfacer las necesidades más básicas de los pueblos en toda esta región. Ese programa era adecuado para su tiempo. Pero la realidad de nuestros tiempos –y la nueva capacidad y confianza de nuestros vecinos latinoamericanos– exige algo diferente.
El desafío ante el Presidente Kennedy persiste: “construir un hemisferio en el que todos [los pueblos] puedan tener la esperanza de un estándar de vida apropiado, en el que todos puedan vivir su vida con dignidad y libertad". Pero un siglo más tarde, debemos darle sentido a esta labor a nuestra manera.
Creo que hoy en día, en el continente americano, no hay socios principales ni socios secundarios; hay socios con igualdad de condiciones. Pero las sociedades equitativas, a su vez, exigen un sentido de responsabilidad compartida. Tenemos obligaciones recíprocas, y hoy en día, Estados Unidos trabaja con países en este hemisferio para cumplir con nuestras responsabilidades en varias esferas importantes.
En primer lugar, nos estamos asociando para hacerles frente a lo que la gente en todo el continente dice que le preocupa más: la seguridad de sus familias y comunidades. Las pandillas de criminales y narcotraficantes no solo son una amenaza contra la seguridad de los ciudadanos. Son una amenaza contra el desarrollo porque ahuyentan la inversión que necesita la economía para prosperar. Y son una amenaza directa contra la democracia porque alientan la corrupción que socava a las instituciones desde adentro.
Entonces, con nuestros socios desde Colombia hasta México y los nuevos programas regionales en Centroamérica y el Caribe, estamos haciéndole frente a este desafío, juntos, desde todas las direcciones. Hemos aumentado nuestro respaldo –en equipo, capacitación y tecnología que las fuerzas fronterizas, policiales y de seguridad necesitan– para mantener seguras a las comunidades. Estamos aumentando la coordinación e intercambiando más información para que quienes trafican con drogas y seres humanos tengan menos lugares donde esconderse. Y estamos ejerciendo presión sin precedente en los recursos financieros de los carteles, lo que incluye a Estados Unidos.
Pero nunca eliminaremos el atractivo de los carteles y pandillas a no ser que también les hagamos frente a las fuerzas sociales y económicas que alimentan la criminalidad. Necesitamos llegar a los jóvenes vulnerables antes de que recurran a las drogas y el crimen. Por lo tanto, estamos uniéndonos a socios en todo el continente para intensificar la vigilancia comunitaria, mejorar los sistemas de justicia juvenil e invertir en programas de prevención del crimen y las drogas.
Ahora que los países de Centroamérica formulan una nueva estrategia regional de seguridad, en Estados Unidos estamos listos para poner de nuestra parte por medio de una nueva alianza que le preste atención a lo que lo requiere: la seguridad de nuestros ciudadanos. Y con socios regionales e internacionales, nos aseguraremos de que nuestro respaldo no solamente esté lleno de buenas intenciones, sino que esté bien coordinado y sea gastado debidamente.
Como Presidente, he dejado en claro que en Estados Unidos aceptamos nuestra responsabilidad por la violencia generada por las drogas. La demanda de drogas, incluida aquella en Estados Unidos, impulsa esta crisis. Por eso formulamos una nueva estrategia para el control de drogas que se centra en reducir la demanda de drogas por medio de la educación, prevención y tratamiento. Y debo recalcar que incluso durante un difícil momento fiscal en Estados Unidos, solo en este año hemos propuesto aumentar a aproximadamente $10,000 millones los recursos dedicados a estos esfuerzos.
También estamos haciendo más para reducir el flujo de armas hacia el sur, hacia la región. Estamos inspeccionando toda la carga ferroviaria dirigida al sur. Estamos confiscando muchas más armas camino a México y estamos poniendo entre rejas a contrabandistas de armas. Y toda arma y traficante de arma que saquemos de las calles es una amenaza menos para las familias y comunidades del continente.
Al esforzarnos por garantizar la seguridad de nuestros ciudadanos, nos estamos asociando en un segundo campo: la promoción de la prosperidad y las oportunidades. Con este viaje, me esfuerzo por aumentar el comercio y la inversión. En toda la región estamos avanzando con acuerdos de “cielos abiertos” para que nuestra gente y negocios tengan más contacto. Estamos avanzando con el Acuerdo Transpacífico –que incluye a Chile y Perú– para competir más con los mercados de más rápido crecimiento en la región del Pacífico Asiático. Y le he dado instrucciones a mi gobierno para que intensifique nuestros esfuerzos a fin de avanzar con los acuerdos comerciales con Panamá y Colombia, conforme a nuestros valores e intereses.
Estamos alentando a la próxima generación de empresas y empresarios. Trabajamos con el Banco Interamericano de Desarrollo para aumentar los préstamos. Hemos aumentado el crédito del Fondo de Crecimiento con Microfinanciación para las Américas (Microfinance Growth Fund for the Americas). Estamos respaldando reformas a sistemas tributarios, que son cruciales para el crecimiento económico y las inversiones públicas. Estamos creando nuevas “Vías a la Prosperidad” (“Pathways to Prosperity”) –capacitación sobre microcréditos y capacidad empresarial– para aquellos que deben beneficiarse del crecimiento económico, incluidos mujeres y miembros de las comunidades afrocaribeñas e indígenas.
Estamos uniéndonos, como hemisferio, para generar empleos de energía limpia e ir en pos de un futuro más seguro y sostenible. Y si alguien duda de la urgencia del cambio climático, basta que miren dentro del continente americano, desde las fuertes tormentas del Caribe hasta el descongelamiento de glaciares en los Andes y la pérdida de bosques y tierras de cultivo en toda la región.
Con la Alianza de las Américas para la Energía y el Clima (Energy and Climate Partnership of the Americas) que propuse, varios países se han ofrecido a brindar su pericia, todos ofreciendo liderazgo y conocimientos: Brasil en biocombustibles, Chile en energía geotérmica, México en eficiencia energética. El Salvador está conectando redes eléctricas en Centroamérica para hacer que el suministro de energía sea más estable. Este es exactamente el tipo de alianza que necesitamos: vecinos que se unen a vecinos para dar rienda suelta al progreso que ninguno de nosotros puede lograr solo.
Es la misma filosofía detrás de dos programas adicionales que estoy anunciando hoy, que ayudarán a nuestros países a educar e innovar para el futuro. Estamos lanzando un programa para aprovechar el poder de los medios sociales y redes en línea a fin de ayudar a que los alumnos, científicos, académicos y empresarios colaboren y desarrollen nuevas ideas y productos que ayudarán al continente americano a seguir siendo competitivo en una economía global. Y me enorgullece anunciar que Estados Unidos está trabajando con socios en la región, entre ellos el sector privado, para aumentar en 100,000 el número de estudiantes de Estados Unidos en América Latina, y en 100,000 el número de estudiantes de América Latina que estudian en Estados Unidos.
Permanecer competitivos también exige que le hagamos frente a la inmigración. Como Presidente, he dejado en claro que la inmigración fortalece a Estados Unidos. Somos una nación de inmigrantes, motivo por el cual me he pronunciado en contra de la oposición a la inmigración. Pero también somos un estado de derecho, motivo por el cual no flaquearé en mi determinación de resolver los problemas de nuestro sistema de inmigración. Me he comprometido con una reforma integral que resguarde nuestras fronteras, vele por el cumplimiento de nuestras leyes y aborde el asunto de los millones de trabajadores indocumentados que viven en Estados Unidos en la clandestinidad.
Sin embargo, esta situación continuará mientras la gente crea que la única manera de mantener a su familia es dejarla y marcharse al norte. Por lo tanto, Estados Unidos continuará asociándose con países que buscan el crecimiento económico más generalizado que les da a los pobladores y las naciones una vía para salir de la pobreza. Y como parte de nuestra nueva estrategia para el desarrollo estamos trabajando con socios como Guatemala y El Salvador, que están decididos a desarrollar su propia capacidad, desde ayudar a agricultores a aumentar su producción hasta ayudar a los sistemas de salud a brindar mejor atención.
Esto me lleva al tema final con respecto al cual debemos continuar colaborando: reforzar la democracia y los derechos humanos. Hace más de 60 años, nuestros países se unieron en la Organización de Estados Americanos y declararon que “la democracia representativa es una condición indispensable para la estabilidad, la paz y el desarrollo de la región”. Hace una década, reiteramos este principio, con una Carta Democrática Interamericana que declaraba, “Los pueblos de América tienen derecho a la democracia, y sus gobiernos, la obligación de promoverla y defenderla”.
En todo el continente, muchas generaciones han luchado y se han sacrificado para darles sentido a esas palabras: hombres y mujeres anónimos que se atrevieron a expresar sus opiniones, activistas que organizaron nuevos movimientos, líderes religiosos que predicaron la justicia social, las madres de los desaparecidos que exigieron la verdad, los presos políticos que llegaron a ser presidentes e, incluso ahora, las Damas de Blanco que marchan en silenciosa dignidad.
Los pueblos americanos han demostrado que no existe sustituto para la democracia. Como gobiernos, tenemos la obligación de defender lo que se ha ganado. Así que al acercarse el 10º aniversario de la Carta Democrática Interamericana este año, reiteremos los principios en los que creemos.
Volvamos a comprometernos a defender la democracia y los derechos humanos en nuestros propios países, al reforzar las instituciones que la democracia necesita para florecer: elecciones libres e imparciales en las que la gente escoge a sus propios líderes; legislaturas dinámicas que aportan supervisión; poderes judiciales independientes que defienden el imperio de la ley; una prensa libre que promueve el libre debate; fuerzas armadas profesionales bajo control civil; sólidas sociedades civiles que hacen que su gobierno les rinda cuentas, y gobiernos transparentes que responden a las necesidades de sus ciudadanos. Eso es lo que constituye una democracia.
Y así como defendemos la democracia y los derechos humanos dentro de nuestras fronteras, volvamos a comprometernos a defenderlos en todo el hemisferio. Todo país seguirá su propio camino, y ninguna nación debe imponer jamás su voluntad en la otra. Pero no hay duda de que podemos concordar en que la democracia exige que la mayoría decida; que simplemente tener el poder no le da a un líder el derecho de privar a otros de sus derechos, y que los líderes deben retener el poder por medio del consentimiento, no la coerción.
Nunca flaqueemos en nuestro respaldo del derecho de los pueblos de determinar su propio futuro, y eso incluye al pueblo cubano. Desde que asumí el mando, he anunciado los cambios más significativos en varias décadas a la política de mi país hacia Cuba. Hemos posibilitado que los cubanoamericanos visiten y apoyen a sus familias en Cuba. Estamos permitiendo que los estadounidenses envíen remesas para darle cierta esperanza económica a gente en toda Cuba, como también más independencia de las autoridades cubanas.
En el futuro, continuaremos buscando maneras de aumentar la independencia del pueblo cubano, que tiene derecho a la misma libertad que todos los demás en este hemisferio. A la vez, las autoridades cubanas deben tomar considerables medidas para respetar los derechos básicos del pueblo cubano, no porque Estados Unidos insiste en ello, sino porque el pueblo cubano lo merece.
Finalmente, las lecciones de América Latina pueden servir de guía para los pobladores del mundo que inician sus propias travesías hacia la democracia. No hay un solo modelo para la transición a la democracia. Pero como sabe esta región, las transiciones exitosas tienen ciertos ingredientes. La fuerza moral de la no violencia. Un diálogo franco que incluye a todos. La protección de derechos básicos, como la libertad de expresión y de congregación pacífica. Rendimiento de cuentas por agravios pasados. Y realizar reformas políticas a la par de reformas económicas, porque la democracia debe satisfacer las necesidades básicas y aspiraciones de los pueblos.
Ya que tiene décadas de experiencia, América Latina tiene mucho que compartir: cómo desarrollar partidos políticos y organizar elecciones libres; cómo asegurar la transferencia pacífica del poder y recorrer los serpenteantes caminos de la reforma y reconciliación, y cuando ocurren reveses inevitables, pueden recordarle a la gente que nunca pierda de vista las estrellas de lucha y esperanza que mencionó Pablo Neruda.
Seguridad para nuestros ciudadanos. Comercio y desarrollo que genera empleos, prosperidad y un futuro de energía limpia. Defensa de la democracia y los derechos humanos. Estas son las alianzas que podemos forjar juntos aquí en el continente americano y alrededor del mundo. Y si alguien duda que esta región tenga la capacidad de acometer estos desafíos, no tienen sino que recordar lo que sucedió aquí, en Chile, hace unos meses.
Su determinación y fe inspiraron al mundo: “Los treinta y tres”. No relataré toda su saga. Ustedes conocen bien la historia. Pero lo que también vale la pena recordar es que todo este país se unió. Todo el gobierno, civil y militar, nacional y local. Todo el sector privado, con las grandes empresas y los dueños de pequeños negocios que donaron provisiones. Y todos los segmentos de la sociedad chilena apoyaron a esos hombres allá abajo y a sus familias en el Campamento Esperanza. Fue un rescate milagroso y fue un tributo al liderazgo chileno. Y cuando finalmente, Luis Urzúa emergió, habló por toda una nación cuando dijo, “Me siento muy orgulloso de ser chileno”.
Sin embargo, algo más sucedió durante esos dos meses. Los pueblos y gobiernos de América Latina se unieron para respaldar a un vecino necesitado. Y con un país latinoamericano a la delantera, el mundo se enorgulleció de desempeñar un papel secundario, al enviar a trabajadores desde Estados Unidos y Canadá, equipo de rescate desde Europa, equipo de comunicación desde Asia. Y el proceso de subir a los mineros y ponerlos a salvo para aquellos jubilosos reencuentros fue un momento realmente internacional, visto y celebrado por más de mil millones de personas.
Si alguna vez necesitamos un recordatorio de la humanidad y esperanzas que compartimos, fue ese momento en el desierto. Cuando un país como Chile se lo propone, no hay nada fuera de su alcance. Cuando los países de América Latina se unen y se concentran en un objetivo común, cuando Estados Unidos y otros en el mundo hacen su parte, no hay nada que no puedan lograr juntos.
Esta es nuestra visión del continente americano. Este es el progreso que podemos lograr juntos. Y este es el espíritu de colaboración e igualdad al cual los Estados Unidos de Norteamérica se han comprometido. Muchas gracias.
(Termina la transcripción)
(Distribuido por la Oficina de Programas de Información Internacional del Departamento de Estado de Estados Unidos. Sitio en la Web: http://www.america.gov/esp )
Tomado de america.gov

Discurso del presidente Obama al pueblo de Brasil

20 marzo 2011, Discurso del presidente Obama al pueblo de Brasil
Pronunciado en el Teatro Municipal de Río de Janeiro
A continuación una traducción preparada por la Casa Blanca del discurso del presidente Barack Obama en Río de Janeiro, tal como fue preparado para su lectura:
(comienza la transcripción)
Declaraciones del Presidente Barack Obama
Discurso al pueblo de Brasil
Teatro Municipal
Río de Janeiro, Brasil
Domingo, 20 de marzo de 2011
Saludos, Río de Janeiro. ¡Alo, cidade maravilhosa!
Boa tarde, todo o povo brasileiro.
Desde el momento que llegué, el pueblo de esta nación le ha mostrado generosamente a mi familia la calidez y generosidad del espíritu brasileño. ¡Obrigado! Y un agradecimiento especial por estar aquí a pesar de que hay un partido entre Vasco y Botafogo en pocas horas. Sé que los brasileños no dejan su fútbol tan fácilmente.
Uno de mis primeras impresiones de Brasil fue una película que vi de niño con mi madre, una película llamada Orfeo Negro, que transcurría en las favelas de Río durante el Carnaval. A mi madre le encantaba esa película, con sus canciones y bailes con un trasfondo de bellas colinas verdes, y su estreno tuvo lugar aquí en el Teatro Municipal.
Mi madre ya falleció, pero nunca se habría imaginado que el primer viaje de su hijo a Brasil sería como Presidente de Estados Unidos. Y nunca imaginé que este país sería incluso más impresionante de lo que se veía en la película. Ustedes son, como cantaba Jorge Ben Jor: “Un país tropical, bendito por Dios y bello por naturaleza”. He visto esa belleza en la cascada de colinas, en las interminables millas de arena y océano, y en el enérgico y diverso grupo de brasileiros que acudieron hoy aquí.
Tenemos cariocas y paulistas. Tenemos baianas y mineiros. Tenemos hombres y mujeres de las ciudades del interior y muchos jóvenes que son el futuro de esta gran nación.
Ayer me reuní con su flamante Presidenta, Dilma Rousseff, y hablamos de las maneras de aumentar la cooperación entre nuestros gobiernos. Pero hoy quiero hablarle directamente al pueblo brasileño de las maneras en que podemos fortalecer la amistad entre nuestras naciones. He venido a hablarles de los valores que compartimos, las esperanzas que tenemos en común y el impacto positivo que podemos tener juntos.
Nuestra historia empezó de manera similar. En nuestros territorios abunda la creación de Dios, residen pueblos antiguos e indígenas. Desde ultramar, el continente americano fue descubierto por hombres que buscaban el Nuevo Mundo y fue poblado por pioneros que se aventuraron hacia el oeste, cruzando vastos territorios. Nos convertimos en colonias propiedad de coronas lejanas, pero pronto declaramos nuestra independencia. Acogimos oleadas de inmigrantes a nuestras costas y finalmente limpiamos la mancha de la esclavitud de nuestra tierra.
Estados Unidos fue el primer país que reconoció la independencia de Brasil y estableció una sede diplomática en este país. El primer jefe de estado que visitó Estados Unidos fue el líder de Brasil, Dom Pedro II. En la Segunda Guerra Mundial, nuestros valientes hombres y mujeres lucharon juntos por la libertad.
Después de la guerra, ambas naciones pasaron dificultades para alcanzar todas las bendiciones de la libertad. En las calles de Estados Unidos, hombres y mujeres marcharon y derramaron sangre para que todos los ciudadanos pudieran gozar de las mismas libertades y oportunidades, sin importar la apariencia o el origen. En Brasil, ustedes lucharon contra dos décadas de dictadura, por el mismo derecho de ser escuchados, por el derecho de vivir libres del temor y libres de la miseria. Sin embargo, durante años, la democracia y el desarrollo avanzaron lentamente, y el resultado fue el sufrimiento de muchos.
Esos días ya quedaron atrás. Hoy Brasil es una democracia floreciente, un lugar donde la gente es libre de opinar y escoger a sus líderes, donde un chico pobre de Pernambuco puede empezar limpiando el piso de una fábrica de cobre y progresar hasta llegar al cargo más alto en Brasil.
En la última década, el progreso logrado por el pueblo brasileño ha inspirado al mundo. Ahora se considera que más de la mitad de este país es de clase media. Millones han dejado atrás la pobreza. Por primera vez, la esperanza retorna a lugares donde prevaleció el temor durante mucho tiempo. Vi esto hoy cuando visité la Cidade de Deus, la Ciudad de Dios. No solo se trata de nuevos esfuerzos de seguridad y programas sociales para transformar las favelas; se trata de un cambio de actitud. Como lo dijo un joven que vive en el lugar: “La gente debe ver las favelas no con pena, sino como la cuna de presidentes, abogados, doctores, artistas [y] gente con soluciones”.
Con cada día que pasa, Brasil es un país con más soluciones. En la comunidad internacional, han pasado de depender de la ayuda de otras naciones a ayudar a combatir la pobreza y la enfermedad dondequiera que exista. Ustedes desempeñan un importante papel en las instituciones mundiales que protegen nuestra seguridad común y promueven nuestra prosperidad común. Y van a recibir al mundo en sus costas cuando Río de Janeiro sea el anfitrión de la Copa Mundial y los Juegos Olímpicos.
Tal vez escucharon que esta ciudad no era, digamos, mi primera opción para las Olimpiadas de Verano. Pero si los Juegos no pueden ser en Chicago, mi ciudad, no hay mejor lugar para verlos que aquí mismo en Río. I tengo la intención de regresar en el 2016 para presenciarlos.
Por demasiado tiempo, Brasil fue una nación llena de potencial que no se desarrollaba por obstáculos internos y externos. Por demasiado tiempo los llamaron el país del futuro, les dijeron que esperaran un poco más, porque su día de suerte estaba a la vuelta de la esquina.
Meus amigos, ese día finalmente ha llegado. Este ya no es el país del futuro. Para el pueblo de Brasil, el futuro está aquí.
Nuestros países no siempre están de acuerdo en todo. Y al igual que muchos países, tendremos diferencias de opinión en el futuro. Pero estoy aquí para decirles que el pueblo estadounidense no solo reconoce el éxito de Brasil, sino que lo apoyamos totalmente. A medida que enfrenten los muchos desafíos que todavía tienen que resolver en el país y en el exterior, permanezcamos juntos, no como participantes de diferente rango, sino como socios de la misma categoría, unidos por un espíritu de interés y respeto mutuos, comprometidos a colaborar para lograr todo el progreso posible.
Juntos podemos aumentar nuestra prosperidad común. Como dos países comprometidos con economías más verdes, hemos trabajado juntos durante la crisis financiera para restaurar el crecimiento y la confianza. Y sabemos lo que ambas de nuestras naciones necesitan para mantener nuestro crecimiento económico.
Necesitamos una fuerza laboral capacitada y educada, y por eso las compañías estadounidenses y brasileñas han prometido ayudar a aumentar los intercambios estudiantiles entre nuestros países.
Necesitamos un compromiso con la innovación y la tecnología, y por eso hemos acordado aumentar la cooperación entre nuestros científicos, investigadores e ingenieros.
Necesitamos infraestructura de primera calidad, y por eso las compañías estadounidenses quieren ayudarlos a construir y preparar esta ciudad para un éxito olímpico.
En una economía mundial, Estados Unidos y Brasil deben expandir el comercio y las inversiones para generar nuevos empleos y oportunidades en ambos países. Y por eso estamos esforzándonos para derrumbar las barreras para hacer negocios y por eso estamos forjando relaciones más estrechas entre nuestros trabajadores y empresarios.
Juntos, podemos promover la seguridad energética y proteger nuestro bello planeta. Somos dos de las naciones más verdes y sabemos que la solución final para nuestros retos energéticos es la energía limpia y renovable. Por eso la mitad de los vehículos de este país pueden utilizar biocombustibles, y la mayoría de su electricidad proviene de energía hidroeléctrica. Por eso en Estados Unidos hemos impulsado el sector de energía limpia. Y por eso Estados Unidos y Brasil están formando nuevas alianzas de energía, para compartir tecnología y generar nuevos empleos y dejarles a nuestros hijos un planeta más limpio y seguro que el que encontramos.
Juntas, nuestras naciones pueden ayudar a defender la seguridad de nuestros ciudadanos. Estamos colaborando para detener el narcotráfico que ha destruido demasiadas vidas en este hemisferio. Buscamos la meta de un país sin armas nucleares y estamos colaborando para reforzar la seguridad nuclear en nuestro hemisferio. Desde África hasta Haití, estamos trabajando juntos para combatir el hambre, las enfermedades y la corrupción que pueden corroer una sociedad y privar de dignidad y oportunidades a los seres humanos. Y hoy estamos brindándole asistencia y apoyo al pueblo japonés en su momento de mayor necesidad.
Los lazos que unen a nuestros países con Japón son firmes. En Brasil vive la mayor cantidad de japoneses fuera de Japón. Y en Estados Unidos, hemos forjado una alianza inquebrantable que tiene más de 60 años. El pueblo japonés es uno de nuestros mejores amigos, y oramos por ellos, los apoyamos y los ayudaremos a reconstruir hasta que la crisis haya pasado.
En estos y otros esfuerzos por promover la paz y la prosperidad en todo el mundo, Estados Unidos y Brasil son socios no solo porque compartimos una historia o un mismo hemisferio, no solo porque compartimos lazos de comercio y cultura, sino porque compartimos ciertos valores y principios perdurables.
Creemos en el poder y la promesa de la democracia. Creemos que ninguna otra forma de gobierno es más eficaz para promover crecimiento y prosperidad que beneficien a todo ser humano. Y quienes opinan lo contrario, quienes creen que la democracia es un obstáculo para el progreso económico, deben explicar el ejemplo de Brasil.
Los millones en este país que han salido de la pobreza para ser parte de la clase media no lo hicieron en una economía cerrada y controlada por el Estado. Ustedes están prosperando como un pueblo libre con acceso al libre mercado y con un gobierno que responde ante sus ciudadanos. Ustedes son la prueba de que la mejor manera de alcanzar la meta de justicia social es por medio de la libertad, que la democracia es el mejor socio que puede tener el progreso humano.
También creemos que en países tan extensos y diversos como los nuestros, forjados por generaciones de inmigrantes de todas las razas, credos y orígenes, la democracia ofrece la mejor esperanza de que todos los ciudadanos van a recibir un trato digno y respetuoso, de que podemos resolver nuestras diferencias de manera pacífica y encontrar fortaleza en nuestra diversidad.
Sabemos por experiencia que la forma de gobierno que hemos escogido puede ser lenta y complicada, que la democracia debe ser constantemente rectificada y perfeccionada con el tiempo. Sabemos que las diferentes naciones toman diferentes caminos para alcanzar su potencial y que ninguna nación debe imponer su voluntad sobre otra.
Pero también sabemos que hay ciertas aspiraciones que comparten todos los seres humanos: Queremos ser libres y que se escuche nuestra voz. Anhelamos vivir libres de temor y discriminación; de escoger nuestra forma de gobierno y forjar nuestro propio destino. Estas no son ideas estadounidenses ni brasileñas. No son ideas occidentales. Son derechos universales, y debemos apoyarlos en todos lados.
Ahora vemos la lucha por esos derechos desenvolverse en todo el Oriente Medio y el Norte de África. Hemos visto surgir una revolución del anhelo de dignidad humana básica en Túnez. Vimos inundar la Plaza Tahrir a miles de manifestantes pacíficos, hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, cristianos y musulmanes. Hemos visto al pueblo de Libia adoptar una postura valiente contra un régimen decidido a maltratar a sus propios ciudadanos. En toda la región hemos visto a jóvenes levantarse, una nueva generación exigir el derecho de determinar su propio futuro.
Desde el inicio, hemos dejado en claro que el cambio que buscan debe ser impulsado por sus propios pueblos.
Pero como somos dos países que han luchado durante varias generaciones para perfeccionar nuestras democracias, Estados Unidos y Brasil saben que el futuro del mundo árabe lo determinarán sus pueblos.
Nadie puede predecir a ciencia cierta el desenlace de este cambio, pero sí sé que el cambio no es algo que debemos temer. Cuando los jóvenes insisten que las corrientes de la historia están en movimiento, las cargas del pasado desaparecen. Cuando los hombres y mujeres reclaman pacíficamente sus derechos humanos, nuestra humanidad común aumenta. Cuandoquiera que se prende la luz de la libertad, el mundo se vuelve un lugar más resplandeciente.
Ese es el ejemplo de Brasil. Brasil, un país que demuestra que una dictadura puede pasar a ser una democracia próspera. Brasil, un país que demuestra que la democracia produce tanto la libertad como oportunidades para sus pobladores. Brasil, un país que demuestra que el clamor de cambio que se inicia en las calles puede trasformar una ciudad, un país y un mundo.
Hace varias décadas, fue precisamente a la salida de este teatro, en la Plaza Cinelandia, que se escuchó el clamor de cambio en Brasil. Estudiantes y artistas y líderes políticos de toda tendencia se reunieron con banderolas con el lema: “Abajo la dictadura. El pueblo al poder”.
Pasarían varios años antes de que sus aspiraciones democráticas se cumplieran, pero una de los brasileños del movimiento de esa generación cambiaría para siempre la historia de este país.
La participación de esta hija de inmigrantes en el movimiento llevó a que fuera arrestada, encarcelada y torturada por su propio gobierno. Y por lo tanto, ella sabe lo que significa vivir sin el más mínimo derecho humano por el cual tantos están luchando ahora. Pero también sabe lo que quiere decir perseverar. Sabe lo que es triunfar. Porque hoy, esa joven es la presidenta de esta nación, Dilma Rousseff.
Nuestros países enfrentan muchos retos. En el camino por delante encontraremos muchos obstáculos. Pero al final, es nuestra historia la que nos da esperanza para un mejor mañana; es saber que los hombres y mujeres que nos antecedieron superaron obstáculos mayores que estos, que vivimos en lugares donde gente como uno hizo cosas extraordinarias.
Es ese sentido de posibilidad y optimismo lo que atrajo inicialmente a valientes pioneros a este Nuevo Mundo. Es lo que une a nuestras naciones como socios en este siglo. Y por eso creo, y cito a Paulo Coelho, que “Con la fuerza de nuestro amor y nuestra voluntad, podemos cambiar nuestro destino y también el destino de muchos otros”.
Muito obrigado. Gracias, que Dios bendiga a nuestros dos países.
(Termina la transcripción)
(Distribuido por la Oficina de Programas de Información Internacional del Departamento de Estado de Estados Unidos. Sitio en la Web: http://www.america.gov/esp )
Tomado de america.gov

Biografía de Marina Vilte, una maestra que dio su vida

Relato construido sobre la base del libro: “Marina Vilte Blanco en los setenta”  de Sofía D’ Andrea -1º Edición La Plata 2008- Editorial de la Campana, por el Equipo de, Coordinación del Grupo”Llamarada” Abuelas Relatoras por la Identidad la Memoria y la Inclusión Social
– Departamento de Derechos, Ciudadanía y Voluntariado –Abril  2010

                                       MARINA  VILTE


“MARINA VILTE” es el nombre que lleva hoy el Instituto de Investigaciones Pedagógicas de CTERA.  Nombre que representa un homenaje a la lucha y el compromiso docente

Marina Vilte nació en San Salvador de Jujuy en 1938 y en 1956  se recibió de Maestra Normal Nacional.

Conocedora profunda de la realidad educativa  de su provincia, empezó a transitar el compromiso intenso con su propio ser docente y con la comunidad a la que pertenecía.

Anduvo por Purmamarca y los pueblos levantados en los cerros de colores, fue coplera en los carnavales de la Quebrada pero también leyó la “Pedagogía del Oprimido” de Paulo Freire  que marcó a fuego la generación de maestros/as de los 60 y los 70.  Al mismo tiempo se fue fogueando en las luchas sindicales y ocupó el cargo de Secretaria  en la Asociación de Educadores Provinciales.

Corrían por entonces aires de cambio social, de cuestionamiento a las viejas estructuras que habían puesto a la población más desvalida, en situación de atraso y miseria.

Después llegaron los 70 y la proliferación de los grupos y organizaciones que planteaban la necesidad de luchar contra la pobreza, por una mejor distribución de la riqueza y por la liberación del imperialismo yanqui.

Marina es una militante sindical con sello propio:  la contracara del burócrata sindical, defensora honesta del trabajo y el estudio. Por tres períodos consecutivos fue electa autoridad de ADEP (Asociación de Educadores Provinciales).

Marina Vilte estuvo presente aquél 12 de septiembre de 1973 cuando nace la CTERA (Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina) de dónde fue Secretaria Adjunta.

Pero en 1974 después que el Ministerio de Trabajo restituye la personería jurídica a  la UDA (Unión de Docentes Argentinos)  y la considera la única entidad sindical legalmente reconocida, la situación entra en un alto grado de conflictividad y a partir de ese momento nada sería fácil.

El mismo 24 de marzo de 1976, día en que se produce el Golpe de Estado, Marina cae presa por primera vez. 
Y es en esa madrugada que Isauro Arancibia,  Secretario Adjunto de CTERA,  es acribillado a balazos junto a su hermano Arturo, en la sede de ATEP (Asociación Tucumana de Educadores Provinciales).
Marina  es liberada después de un mes y,  fiel a sus convicciones, retoma su lugar en ADEP.

Será al final de ese mismo año, el 31 de diciembre a las cinco de la mañana, cuando es arrebatada de su casa y llevada para siempre con rumbo desconocido..

Ingresar a uno de los Centros Clandestinos de Detención era caer en el infierno,  en la dignidad pisoteada, en el horror de la tortura y en la desaparición de las voces jóvenes que imponían los verdugos.

Recién a partir del año 1983, en que retorna la democracia, es cuando se empieza a recuperar la verdad y la justicia.

Hoy podemos decir que aquella CTERA fundante de la que participó Marina Vilte, instaló el tema docente en las agendas tanto del gobierno nacional como en los gobiernos provinciales y  que consolidó para siempre la capacidad de movilización de los “trabajadores de la educación”.

Con justicia el nombre “María Vilte” no sólo se une a escuelas e instituciones educativas  sino que queda en la memoria de todos los que luchamos por una digna Educación Pública.

Tratado de Paz y Amistad entre Chile y Bolivia

Tratado de Paz y Amistad entre Chile y Bolivia
Suscrito en Santiago, el 20 de Octubre de 1904;
Ratificaciones canjeadas en La Paz, el 10 de Marzo de 1905;
Promulgado el 21 de marzo de 1905;
Publicado en el "Diario Oficial" Nº 8.169, de 27 de Marzo de 1905.

En ejecución del propósito consignado en el artículo 8º del Pacto de Tregua del 4 de Abril de 1884, la República de Chile y la República de Bolivia han acordado celebrar un Tratado de Paz y Amistad y al efecto han nombrado y constituido por sus Plenipotenciarios, a saber:
Su Excelencia el Presidente de la República de Chile a Don Emilio Bello Codesido, Ministro de Relaciones Exteriores, y Su Excelencia el Presidente de la República de Bolivia, a Don Alberto Gutiérrez, Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de Bolivia en Chile; Quienes, después de haber canjeado sus Plenos Poderes y habiéndolos hallado en buena y debida forma, han convenido en lo siguiente:

Artículo I.

Restablécense las relaciones de Paz y Amistad entre la República de Chile y la República de Bolivia, terminando, en consecuencia, el régimen establecido por el Pacto de Tregua.


Artículo II.

Por el presente Tratado, quedan reconocidos del dominio absoluto y perpetuo de Chile los territorios ocupados por éste en virtud del artículo 2º del Pacto de Tregua de 4 de Abril de 1884. El límite de Sur a Norte entre Chile y Bolivia será el que se expresa a continuación:
De la cumbre más alta del cerro Zapaleri (1), en línea recta a la cumbre más alta (2) del cordón desprendido hacia el Sur del cerro Guayaques, en la latitud aproximada de veintidós grados cincuenta y cuatro minutos (22º 54'); de aquí otra recta al portezuelo del Cajón (3), y en seguida la divisoria de aguas del cordón que corre hacia el Norte por la ladera norte del cerro Juriques (4), ladera noreste del volcán Licancábur por punto innominado a dos tercios de altura de dicha falda en la latitud de veintidós grados cuarenta y nueve minutos y cuarenta y un segundos (22° 49' 41") y longitud de sesenta y siete grados cincuenta y dos minutos y treinta y cinco segundos (67° 52' 35") (5), cerros Sairecábur (6) y Curiquinca (7), y volcán Putana o Jorjencal (8). De este punto seguirá por uno de sus contrafuertes en dirección al cerro del Pajonal (9), y en línea recta a la cumbre sur de los cerros de Tocorpuri (10), desde donde seguirá nuevamente por la divisoria de las aguas del cordón del Panizo (11), y cordillera de Tatio (12).
Seguirá siempre al Norte por la divisoria de las aguas del cordón del Linzor (13) y de los cerros de Silaguala (14), desde cuya cumbre norte (volcán Apagado) (15) irá por un contrafuerte al cerrito de Silala (16), y después en línea recta al cerro de Inacalari o del Cajón (17). Desde este punto irá en línea recta a la cumbre que aparece en el centro en el grupo de cerros del Inca o Barrancane (18), y tomando nuevamente la divisoria de las aguas seguirá hacia el Norte por el cordón del cerro de Ascotán o del Jardín (19); desde la cumbre de este cerro irá en línea recta a la cumbre del cerro Araral (20), y por otra recta, a la cumbre del volcán Ollagüe (21). De aquí en línea recta a la cumbre más alta del cerro de Chipapa (22), descendiendo al Occidente por un cordón de lomas para tomar la cumbre del cerro Cosca (23). Desde este punto irá dividiendo las aguas del cordón que lo une al cerro Alconcha (24), y de aquí irá al volcán Olca (25) por el lomo divisorio. De este volcán seguirá por el cordón de los cerros del Millunu (26), de la Laguna (27), volcán Irruputuncu (28), cerros Bofedal (29) y Chela (30), y después de un alto nudo de cerros, llegará al Milliri (31) y luego al Huallcani (32). De aquí irá al cerro Caiti (33) y seguirá por la divisoria de las aguas al cerro Napa (34). De la cumbre de este cerro irá en línea recta a un punto (35) situado diez kilómetros al Sur de la cumbre oriental del cerro Huailla (36), desde donde irá en línea recta a esa cumbre mencionada, doblando enseguida hacia el Oriente, seguirá por el cordón de los cerros Laguna (37), Corregidor (38) y Huaillaputuncu (39) a la apacheta más oriental de Sillillica (40), dirigiéndose por el cordón que va al noroeste a la cumbre del cerro Piga (41). De este cerro irá en línea recta a la cumbre más alta de Tres Cerritos (42) y en seguida en línea recta al cerro Challacollo (43) y a la estrechura de la vega de Sacaya (44), frente a Villacollo.
De Sacaya el límite irá en líneas rectas a las apachetas de Cueva Colorada (45) y de Santaile (46), donde seguirá al noroeste por los cerros de Irruputuncu (47) y Patalani (48). De esta cumbre irá el límite en línea recta al cerrito Chiarcollo (49), cortando el río Cancosa (50) y de ahí también en línea recta a la cumbre del cerro Pintapintani (51), siguiendo después de esta cumbre por el cordón de los cerros de Quiuri (52), Pumiri (53) y Panantalla (54). De la cumbre de Panantalla irá en línea recta a Tolapacheta (55), a media distancia entre Chapi y Rinconada, y de este punto en línea recta al portezuelo de Huailla (56); en seguida pasará por las cumbres de los cerros de Lacataya (57) y del Salitral (58). Volverá hacia el Norte yendo en línea recta al cerrito Tapacollo (59), en el Salar de Coipasa, y en otra recta al mojón de Quellaga (60), de donde seguirá por líneas rectas al cerrito Prieto (61) al norte de la vega de Pisiga, cerrito Toldo (62), mojones de Sicaya (63), Chapillicsa (64), Cabarray (65), Tres Cruces (66), Jamachuma (67), Quimsachata (68) y Chinchillani (69), y cortando el río Todos Santos (70), irá a los mojones de Payacollo (71) y Carahuano (72), al cerro de Canasa (73) y al cerro Capitán (74). Seguirá después hacia el Norte por la divisoria de las aguas del cordón de los cerros Lliscaya (75) y Quilhuiri(76), y desde la cumbre de este punto irá en línea recta al cerro Puquintica (77). Al Norte de este último punto, Chile y Bolivia convienen en fijar entre sí la siguiente línea fronteriza: Del cerro Puquintica (77) irá al Norte por el cordón que se dirige a Macaya, cortará en este punto al río Lauca (78), dirigiéndose en seguida en línea recta al cerro Chiliri (79); seguirá al Norte por la divisoria de las aguas del portezuelo de Japu (80) y cumbres de Quimsachata (81), portezuelo de Tambo Quemado (82), cerros de Quisiquisini (83), portezuelo de Huacollo (84), cumbres de los cerros de Payachata (85 y 86), cerro Larancahua (87) hasta el paso de Casiri (88). Desde este punto irá a los cerros de Condoriri (89), que dividen las aguas de los ríos Sajama y Achuta de las del Caquena, y proseguirá por el cordón que desprendiéndose de estos cerros va al cerro Carbiri (90), pasando por el portezuelo de Achuta (91); del cerro Carbiri, bajará por su falda a la angostura del río Caquena o Cosapilla (92), aguas arriba del tambo de este último nombre. Seguirá después el curso del río Caquena o Cosapilla, hasta la afluencia (93) del desagüe aparente de las vegas de la estancia de Cosapilla, desde cuya afluencia irá en línea recta al mojón de Visviri (94). De este mojón irá en línea recta al santuario (95) que se encuentra al norte del Maure, al noroeste de la confluencia de este río con otro que le viene del Norte, dos kilómetros al noroeste del tambo del Maure; seguirá hacia el noroeste por el cordón que se dirige al mojón del cerro Chipe o Tolacollo (96), último punto de la frontera.
Dentro de los seis meses siguientes a la ratificación de este Tratado, las Altas Partes Contratantes nombrarán una comisión de ingenieros para que proceda a demarcar en el terreno la línea divisoria cuyos puntos, enumerados en este artículo, se señalan en el plano adjunto, que formará parte integrante del presente Tratado, y con arreglo al procedimiento y en las épocas que se convengan por un acuerdo especial de ambas Cancillerías.
Si ocurriere entre los ingenieros demarcadores algún desacuerdo que no pudiere ser allanado por la acción directa de ambos Gobiernos, se someterá la cuestión al fallo de Su Majestad el Emperador de Alemania, conforme a lo previsto en el artículo XII de este Tratado.
Serán reconocidos por las Altas Partes Contratantes los derechos privados de los nacionales o extranjeros que hubieren sido legalmente adquiridos, en los territorios que, en virtud de este Tratado, quedan bajo la soberanía de uno u otro país.


Artículo III.

Con el fin de estrechar las relaciones políticas y comerciales de ambas Repúblicas, las Altas Partes Contratantes convienen en unir el puerto de Arica con el Alto de La Paz por un ferrocarril cuya construcción contratará a su costa el Gobierno de Chile, dentro del plazo de un año, contado desde la ratificación del presente Tratado. La propiedad de la sección boliviana de este ferrocarril se traspasará a Bolivia a la expiración del plazo de quince años, contado desde el día en que esté totalmente terminado.
Con igual fin, Chile contrae el compromiso de pagar las obligaciones en que pudiera incurrir Bolivia por garantías hasta por cinco por ciento sobre los capitales que se inviertan en los siguientes ferrocarriles, cuya construcción podrá emprenderse dentro del plazo de treinta años: Uyuni a Potosí; Oruro a La Paz; Oruro, por Cochabamba, a Santa Cruz; de La Paz a la región del Beni; y de Potosí, por Sucre y Lagunillas, a Santa Cruz.
Este compromiso no podrá importar para Chile un desembolso mayor de cien mil libras esterlinas anuales, ni exceder de la cantidad de un millón setecientas mil libras esterlinas que se fija como el máximum de lo que Chile destinará a la construcción de la sección boliviana del ferrocarril de Arica al Alto de La Paz y a las garantías expresadas; y quedará nulo y sin ningún valor al vencimiento de los treinta años antes indicados.
La construcción de la sección boliviana del ferrocarril de Arica al Alto de La Paz, como la de los demás ferrocarriles que se construyan con la garantía del Gobierno Chileno, será materia de acuerdos especiales de ambos Gobiernos y en ellos se consultarán las facilidades que se darán al intercambio comercial de los dos países. El valor de la referida sección se determinará por el monto de la propuesta que se acepte en el respectivo contrato de construcción.


Artículo IV.

El Gobierno de Chile se obliga a entregar al Gobierno de Bolivia la cantidad de trescientas mil libras esterlinas en dinero efectivo y en dos parcialidades de ciento cincuenta mil libras; debiendo entregarse la primera parcialidad seis meses después de canjeadas las ratificaciones de este Tratado; y la segunda, un año después de la primera entrega.


Artículo V.

La República de Chile destina a la cancelación definitiva de los créditos reconocidos por Bolivia, por indemnizaciones en favor de las Compañías mineras de Huanchaca, Oruro y Corocoro, y por el saldo del empréstito levantado en Chile en el año 1867, la suma de cuatro millones quinientos mil pesos, oro de diez y ocho peniques, pagadera, a opción de su Gobierno, en dinero efectivo o en bonos de su deuda externa estimados al precio que tengan en Londres el día en que se verifique el pago; y la cantidad de dos millones de pesos, oro de diez y ocho peniques, pagadera en la misma forma que la anterior, a la cancelación de los créditos provenientes de las siguientes obligaciones de Bolivia: los bonos emitidos o sea el empréstito levantado para la construcción del ferrocarril entre Mejillones y Caracoles, según contrato de 10 de julio de 1872; la deuda reconocida a favor de Don Pedro López Gama, representado por los Señores Alsop y Compañía, subrogatarios de los derechos de aquél; los créditos reconocidos en favor de Don Juan G. Meiggs, representado por Don Eduardo Squire, provenientes del contrato celebrado en 20 de marzo de 1876, sobre arrendamiento de salitreras en el Toco; y, finalmente, la suma reconocida en favor de Don Juan Garday.


Artículo VI.

La República de Chile reconoce en favor de la de Bolivia y a perpetuidad, el más amplio y libre derecho de tránsito comercial por su territorio y puertos del Pacífico. Ambos Gobiernos acordarán, en actos especiales, la reglamentación conveniente para asegurar, sin perjuicios para sus respectivos intereses fiscales, el propósito arriba expresado.


Artículo VII.

La República de Bolivia tendrá el derecho de constituir agencias aduaneras en los puertos que designe para hacer su comercio. Por ahora señala por tales puertos habilitados para su comercio, los de Antofagasta y Arica.
Las agencias cuidarán de que las mercaderías destinadas en tránsito, se dirijan del muelle a la estación del ferrocarril y se carguen y transporten hasta las aduanas de Bolivia en vagones cerrados y sellados y con guías que indiquen el número de bultos, peso y marca, número y contenido, que serán canjeados con tornaguías.


Artículo VIII.

Mientras las Altas Partes Contratantes acuerdan celebrar un tratado especial de comercio, el intercambio comercial entre ambas Repúblicas se regirá por las reglas de la más estricta igualdad con las aplicadas a las demás naciones y en ningún caso se colocará a los productos de cualquiera de las dos Partes en condiciones de inferioridad respecto de las de un tercero.
En consecuencia, tanto los productos naturales y manufacturados de Chile como los de Bolivia quedarán sujetos, en su internación y consumo, en uno y otro País, al pago de los impuestos vigentes para los de las demás naciones y los favores, exenciones y privilegios que cualquiera de las dos Partes otorgare a una tercera podrán ser exigidos en igualdad de condiciones por la otra. Las Altas Partes Contratantes convienen en dar, recíprocamente, en todas las líneas férreas que crucen sus respectivos territorios, a los productos nacionales de uno y otro País, la tarifa que acuerden a la nación más favorecida.


Artículo IX.

Los productos naturales y manufacturados de Chile y las mercaderías nacionalizadas, para internarse a Bolivia, serán despachadas con la respectiva factura consular y con las guías de que habla la cláusula séptima. Los ganados de toda especie y los productos naturales de poco valor, podrán ser internados sin ninguna formalidad y despachados con la simple manifestación escrita en las aduanas.


Artículo X.

Los productos naturales y manufacturados de Bolivia en tránsito para el extranjero serán exportados con guías franqueadas por las aduanas de Bolivia o por los funcionarios encargados de este objeto. Dichas guías serán entregadas a los agentes aduaneros en los respectivos puertos y sin otra formalidad, embarcados estos productos para los mercados extranjeros. Por el puerto de Arica el comercio de importación se verificará con iguales formalidades que en el de Antofagasta, debiendo franquearse en este puerto las guías de tránsito con las mismas especificaciones que las indicadas en los artículos anteriores.


Artículo XI.

No pudiendo Bolivia poner en práctica este sistema inmediatamente, continuará observándose, por el término de un año, el que se halla establecido actualmente en Antofagasta, que se hará extensivo al puerto de Arica, fijándose un plazo prudente para que se ponga en vigencia el arancel de aforos boliviano, hasta que sea posible regularizar el comercio de tránsito en la forma antedicha.


Artículo XII.

Todas las cuestiones que llegaren a suscitarse con motivo de la inteligencia o ejecución del presente Tratado, serán sometidas al arbitraje de Su Majestad el Emperador de Alemania.
Las ratificaciones de este Tratado serán canjeadas dentro del plazo de seis meses y el canje tendrá lugar en la ciudad de La Paz. En fe de lo cual, el señor Ministro de Relaciones Exteriores de Chile y el señor Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de Bolivia firmaron y sellaron con sus respectivos sellos, y por duplicado, el presente Tratado de Paz y Amistad en la ciudad de Santiago, a los veinte días del mes de octubre del año mil novecientos cuatro.

(Firmado: EMILIO BELLO C.) ( L. S.)
(Firmado: A. GUTIERREZ.) ( L. S.)
Convenio sobre Canje de Territorios en la Zona Fronteriza Aprobado por el Honorable Congreso en agosto de 1907.
Se levantaron Actas locales de canje en Calama, el 7 de junio de 1924.
En Santiago de Chile, a primero de mayo de 1907, reunidos en la Sala de Despacho del Ministerio de Relaciones Exteriores, el Ministro del Ramo Don Ricardo Salas Edwards y el Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de Bolivia Don Sabino Pinilla, con el objeto de considerar el cambio de ciertas partes de la Línea de Frontera establecida en el Tratado de 20 de octubre de 1904, por convenir así mejor a los intereses de ambos países, debidamente autorizados por sus respectivos Gobiernos, han acordado suscribir el siguiente Convenio:
Primero.- Sustitúyese la Línea de Frontera en los trechos comprendidos entre el cerro Chipapa (22) y el volcán Olca (25) ; y entre el cerro Patalani (48) y el alto de Panantalla (54) del artículo 2º del mencionado Tratado, por la siguiente: Entre el cerro Chipapa y el volcán Olca, la Línea de Frontera irá en línea recta del cerro Chipapa, ya demarcado, a la cumbre norte del cerro Paroma, dejando en todo caso dentro del territorio chileno un espacio no menor de un kilómetro entre el punto más oriental del ferrocarril de Collaguasi y la Línea Fronteriza; desde el cerro Paroma irá después por la cresta que une este cerro al volcán Olca. Entre los cerros de Patalani y Panantalla, la Línea de Frontera correrá en línea recta del cerro Patalani al cerro de Irpa Pueblo, y de aquí en línea recta al cerro de Irpa; desde aquí seguirá por el cordón divisorio a la cumbre más alta de los cerros Sillajhuay y doblará al Norte, para seguir por el lomo divisorio de los cerros de Toroni a la Apacheta de Oje, y después por el cordón divisorio al cerro Armasaya. Desde este punto irá en línea recta a la Apacheta de Tillujalla y después en línea recta al alto de Panantalla, ya demarcado.
Segundo.- El plano firmado por los infrascritos en dos ejemplares formará parte integrante del presente acuerdo.
El presente Convenio será ratificado y las ratificaciones se canjearán en Santiago o en La Paz en el plazo más breve posible.
Redactado en dos ejemplares de igual tenor, los señores Ministros lo firmaron y le pusieron sus sellos.

(Firmado: RICARDO SALAS E.) ( L. S.)
(Firmado: SABINO PINILLA) ( L. S.)

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